• Categorías: Crisis inmobiliaria, Economía, Precio de la vivienda Publicado el 13.08.2008 Sin comentarios

    El ajuste es especialmente acusado en la costa mediterránea, que baja el 6,2%.

    Los pisos valen cada vez menos. Es un hecho. En esto coinciden los datos oficiales -que estiman en un tímido 0,3% la caída de los precios del segundo trimestre- con los de otros organismos que elaboran sus estadísticas con muestras menos representativas que la del Ministerio de Vivienda. Ayer fue el turno de la tasadora Tinsa, que cifra en un 3,9% la caída en los precios de los inmuebles entre julio de 2007 y el mismo mes de este año.

    Los que se deben de estar tirando de los pelos son los que compraron pisos en la playa con la idea de subirse al boom de un sector que llegó a experimentar subidas anuales del 16%. Pues bien, aquellos que esperaban forrarse ven ahora cómo los pisos que compraron en la costa del Mediterráneo pierden valor cada vez más rápido. Tinsa calcula que en el último año la caída ha sido del 6,2%.

    El descenso del 3,9% es el quinto consecutivo en el índice que elaboran los tasadores todos los meses. Pero no es sólo que la tendencia se mantenga, sino que se agrava. Porque cada mes los descensos son mayores. Y quienes más lo sufren, aparte de los pisos del Mediterráneo, son los de las capitales de provincia y ciudades con más de 50.000 habitantes y sus áreas metropolitanas, que cayeron entre el 4% y el 4,7%.

    Con ser importantes, los expertos consideran que estas disminuciones de precios todavía no son suficientes como para reanimar un sector en estado de coma. Organismos tan respetables como el Fondo Monetario Internacional o la OCDE han avisado en los últimos meses de que la vivienda en España está sobrevalorada entre un 20% y un 30%.

    Y el stock de pisos que no encuentran comprador, que algunas fuentes creen que llegará al millón a finales de año, no hace sino tirar a la baja los precios de un mercado que sufre un evidente exceso de oferta.

    Como asegura José García Montalvo, catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra: “Cuanto más tiempo tarden los vendedores en entender el primer principio de la economía (oferta mayor que demanda igual a caída de precios), mayor será el tiempo de ajuste y peores sus consecuencias”.

    Fuente: El País.

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  • Categorías: Actualidad, Crisis inmobiliaria, Economía Publicado el 08.08.2008 1 Comentario

    El 8 de agosto de 2007 la Reserva Federal inyectó 100.000 millones de dólares para garantizar la liquidez del sistema, en lo que supuso el inicio de la mayor crisis financiera tras la Gran Depresión, que ha tenido unos efectos inesperados

    En realidad, todo empezó el 5 de diciembre de 2006, cuando Ownit Mortgage Solutions, un banco hipotecario de California especializado en productos de alto riesgo, informaba “con profunda tristeza” que cesaría sus operaciones y despediría a sus 800 empleados el día siguiente. Fue el primer banco hipotecario especializado en créditos subprime, es decir, a clientes que no cumplían los requisitos habituales para acceder a financiación para la compra de una vivienda. Entre sus damnificados estaba Merrill Lynch, que en el año anterior había colocado en el mercado 4.000 millones de dólares (3.000 millones de euros al tipo de cambio de entonces) en titulizaciones de créditos de Ownit.

    El colapso de Ownit pasó totalmente desapercibido. Nadie esperaba que ocho meses y cuatro días después, el 8 de agosto, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal tuvieran que inyectar más de 100.000 millones de euros en el mercado para garantizar su liquidez. La crisis iniciada con el colapso de Ownit había ido creciendo hasta el punto de provocar una contracción del crédito en las economías desarrolladas y la que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), es la mayor crisis financiera que sufre Occidente desde la Gran Depresión. Y todo, por los oscuros e ignorados productos financieros practicados por Ownit: créditos hipotecarios a personas con pocos recursos económicos.

    Justo un año después de la primera intervención concertada de los bancos centrales, la crisis continúa. A pesar de todos los llamamientos a la calma y, de lo que es mas importante, de la mayor inyección de liquidez en las economías desarrolladas desde la Segunda Guerra Mundial, la contracción del crédito se mantiene. Los problemas financieros se han extendido a la economía real. Y los países más afectados son, precisamente, los que hasta hace un año siempre se citaban como máximos ejemplos de crecimiento y de apertura económica: España, Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda y Nueva Zelanda.

    Ayer, un informe del economista Nouriel Roubini, de la Universidad de Nueva York -uno de los pocos expertos que predijo la crisis y cuyo pesimismo sin matices siempre parece verse corroborado por los hechos- vaticinaba que esas economías entraran en recesión, junto con Japón, Canadá, Italia y acaso Alemania y Francia. En otras palabras: una crisis del mundo industrializado.

    Los bancos siguen sin prestarse dinero unos a otros, y sin facilitar créditos a los consumidores. Nadie sabe exactamente la solvencia del otro. Y, frecuentemente, ni siquiera la suya propia. A fin de cuentas, 200 expertos de JP Morgan Chase fueron incapaces de determinar el valor exacto de mas máximo de 20.000 millones de dolares (12.900 millones de euros) del balance de Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversión de EEUU, que se colapsó en marzo.

    Las dudas de JP Morgan sobre esos activos desaparecieron cuando la Reserva Federal anunció que garantizaba el 94% de esos títulos. Una decisión que el banco central no tomaba desde hacia más de tres décadas, y que refleja una de las consecuencias inesperadas de esta crisis: el final de la era de liberalización de los mercados financieros iniciada con la desaparición del patrón oro, en 1971, y reforzada tras la llegada al poder de Ronald Reagan en EEUU y Margaret Thatcher en el Reino Unido. El estallido de la crisis ha puesto de manifiesto que, como dicen algunos cínicos, en el sistema financiero “se privatizan los beneficios y se nacionalizan las pérdidas”.

    Unas veces han sido nacionalizaciones directas, como la de Northern Rock en el Reino Unido. Otras, encubiertas, como las garantías dadas por el Tesoro de EEUU a los inversores en las empresas titulizadoras de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac, o la entrada de fondos estatales de Asia y Oriente Medio en los bancos de Occidente.

    Porque esta crisis también ha dejado claro que EEUU, Europa y Japón no controlan ya la economía mundial. Los mercados emergentes -y en particular los BRIC, es decir, Brasil, Rusia, India y China- son ya potencias por derecho propio. Y el hecho de que no se hayan visto afectadas por la crisis ha sido, precisamente, el salvavidas de la economía mundial en estos doce meses.

    Pero la expansión de esas economías también ha tirado para arriba de la demanda de materias primas, agrícolas y energéticas. Eso se ha sumado al intento de Occidente de reducir su dependencia del petróleo aumentando el uso de biofueles, que a su vez ha disparado los precios de los alimentos. La consecuencia es que no solo hay ya caída del crecimiento, sino que la inflación está en máximos como no se habían visto en mas de dos décadas. Un año después de la crisis, el sector financiero está paralizado, el mundo desarrollado.

    Fuente: El Mundo.

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  • InmobiliariaIr a la zaga no siempre es malo, especialmente cuando se trata del mercado hipotecario, cuyo “atraso” relativo en España evitará una crisis de las proporciones de la estadounidense según la opinión de diversos expertos del FMI.

    “En este momento, la falta de un mercado hipotecario sofisticado suavizará el golpe” en España, ha manifestado Simon Johnson, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    El choque se producirá, de eso no tiene duda el organismo, que cree que los precios de la vivienda caerán en España en los próximos años entre un 15 y un 20% en términos reales, es decir, descontada la inflación.

    La bajada de la demanda obviamente paralizará muchas obras, según Johnson, pero los efectos de la ralentización del sector inmobiliario en el resto de la economía serán menores que en EEUU, pues España no cuenta con los instrumentos hipotecarios “avanzados” que existen en el corazón financiero del mundo.

    Estos productos facilitan el uso de la casa para obtener otros préstamos y permiten que el propietario se embolse parte de las plusvalías acumuladas sin tener que vender la vivienda. Esas ventajas se traducen en un gran aumento de la demanda en períodos de auge inmobiliario, algo conocido como el “acelerador financiero” en la jerga de los economistas.
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